JOHN GRISHAM UNA NAVIDAD DIFERENTE PDF

Start your review of Una Navidad diferente Write a review Shelves: christmas "Who would ever dream that two otherwise sensible adults would skip Christmas and go on a cruise? The idiot in question being Nora Krank, who learned too late the awful price to be paid for not strictly conforming to your neighbors Christmastide expectations. One is tempted to treat the question as the rhetorical device of an imbecile. And yet, the temptation to answer is overwhelming, if only because the answer is so obvious to everyone except the people "Who would ever dream that two otherwise sensible adults would skip Christmas and go on a cruise? And yet, the temptation to answer is overwhelming, if only because the answer is so obvious to everyone except the people inhabiting this insipid Christmas novel. So, why would two otherwise sensible adults skip Christmas and go on a cruise?

Author:Neshicage Zulkimi
Country:Uruguay
Language:English (Spanish)
Genre:Business
Published (Last):3 July 2010
Pages:442
PDF File Size:15.53 Mb
ePub File Size:3.10 Mb
ISBN:715-8-67943-542-3
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Las razones eran muy variadas e irrelevantes en aquel momento. Otros se limitaban a mirar el suelo y a esperar. La hija era una joven bonita. Sus padres, no. Estaba de muy mal humor. Aparecieron los agotados agentes de la puerta y los pasajeros iniciaron su lento avance.

Los empujones y los codazos se desplazaron al siguiente nivel. Ya basta. Los aparcamientos estaban llenos. Estaba irritada por su incapacidad de encontrar un lugar apropiado. Si no quieres ir, te callas y voy yo. Y todas estaban llenas. Luther no necesitaba ninguna, pero semejante circunstancia significaba que la tienda estaba abarrotada de gente. No hubo disculpas, pues nadie se dio cuenta.

Mucho chocolate de cacao puro o con leche y cosas por el estilo, pero nada de chocolate blanco. Ella se estaba enjugando los ojos. Llevo sin verte casi una hora. Todos nos queremos mucho. Todos nos echamos de menos. Tengo que dejarte, mami. Gracias por nada. Y se fue. Un chasquido de los dedos y estamos a dos de enero. Estoy seguro de que le aumentan el precio cuando lo tienen escondido. Acabas de hablar con ella. Nora estaba trajinando por la casa. Luther era asesor fiscal y, por consiguiente, sus archivos eran muy meticulosos.

En efectivo. Biff lo estaba esperando. Piernas de playa. Los folletos cayeron como un torrente. Asesores fiscales. Hubiera tenido que comprenderlo. Me parece que no tenemos muchos clientes de su despacho.

Demasiado trabajo. Vamos a escondernos. A fugarnos. Nos daremos el gusto. Como era de esperar, Nora estaba pensando en la selva.

Ahora que lo dices. Y es brillante. Pues al Caribe. Las Bahamas, Jamaica, Puerto Rico; ah, espera un momento. Nos saltamos las Navidades. Ahorramos dinero y, por una vez, nos lo gastamos en nosotros mismos. Es un boicot, Nora, un boicot completo a la Navidad. Vamos a tomarnos un respiro. Vamos, Nora, por favor.

Se miraron largo rato el uno al otro. No se le daban muy bien las adulaciones. A todos los clientes les soltaba la misma frase. A lo cual Aubie no tuvo ninguna respuesta que ofrecer.

Lo cual le hizo recordar otra de las quejas preferidas de Luther contra las fiestas: los acaparamientos para emergencias. Estaba claro que todo aquello era una bobada. Pero gracias de todos modos. Se iba a saltar simplemente las Navidades. Rostros inexpresivos. Rostros deconcertados. Rostros tristes. Estaremos ausentes de la ciudad. Estamos en nuestra casa.

Se avecinaban sin duda otros encuentros, lo cual era precisamente otra de las razones por las que a Luther le desagradaba tanto la Navidad. El aire era fresco y ligero.

Le estaba dando instrucciones al pobre Ned, unas instrucciones totalmente contrarias a las de Jude. Esta rama, no, la otra. Toda la prole estaba colgando adornos y guirnaldas de oropel. La escalera de mano estaba volcada y la suegra la estaba examinando. Era un almuerzo de trabajo. En torno a otras mesas se estaban acomodando con gran dificultad otras recaudadoras de fondos similares.

Aprieta los dientes, se dijo Nora en tono apremiante. Candi y Merry fruncieron el entrecejo mientras repasaban mentalmente la noticia.

Ya he adelgazado un kilo y medio —dijo con alegre complacencia. Hay otras fiestas. Y, de paso, nos saltamos la Nochebuena. Nos saltamos todo este insensato jaleo. El dinero lo malgastaremos en un crucero. Tras tomar unos cuantos bocados, las tres amigas empujaron los bocadillos a un lado y sacaron los papeles. Luther iba de un lado para otro. No se me ocurre nada peor. No te exigen ir con pareja.

Frohmeyer era el jefe no elegido de Hemlock. Teniendo seis hijos, su casa era el lugar de encuentro por excelencia. Si alguien encontraba un perro extraviado de otra calle, bastaba una llamada de Vic Frohmeyer para que el servicio de Control de Animales se presentara de inmediato. Veintiuna casas a un lado y otras tantas al otro, toda la calle bordeada por dos perfectas hileras de Frostys a doce metros de altura del suelo. Vic Frohmeyer. No pienso hacerlo. No permito que Vic Frohmeyer me diga que tengo que adornar mi casa para la Navidad.

Izaron su Frosty en un abrir y cerrar de ojos, devoraron sus pastelitos y se fueron a prestar ayuda a otro sitio. Las cortinas estaban corridas y las persianas bajadas. La respuesta es no. No me decepciones. Si Luther se compraba un Lexus, Scheel se compraba otro. La Navidad anterior los Scheel estaban tan trastornados que apenas pusieron adornos. Ahora era una lata. Los vecinos estaban fuera, colocando las luces y conversando por encima de los setos. Las playas lo esperaban. Les hemos vuelto a ganar.

Menuda bobada. Dispone de mucho tiempo para colocar a Frosty.

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